jueves, 17 de octubre de 2013

Tutor o mentor


En algunas disciplinas prácticas es indispensable que los alumnos tomen contacto con el mundo profesional para que su formación se complete. Mientras más técnica y abstracta menos aplicación se espera de ella, tanto es así que existen ramas de las ciencias físicas o de las matemáticas que se las considera puras y en las que nadie espera que se obtenga algo directamente práctico.

En contraste, como ejemplo de disciplina práctica, me resulta impensable que una enfermera termine su formación si tener un contacto directo con los pacientes. La enfermería tiene un gran componente “humano”, incluso teatral cuando ha de actuar dentro de un sistema de salud.    En definitiva y en general la enfermera cuida al que no puede hacerlo y aunque no es una disciplina sesuda que intente desenmarañar la realidad su aprendizaje y práctica son una tareas complejas que no es posible asimilar de forma puramente intelectiva.

Eso no quiere decir que la enfermería deba sentirse acomplejada, de hecho si la enfermería redescubriera algunas impresionantes joyas intelectuales de su pasado y tuviera el valor de aplicar rigor a las preguntas que se hace y no esconderse tras un patético misticismo no tendría parangón.

Aceptando lo dicho, el profesional que guía al alumno en su contacto con el mundo profesional esta pobremente definido con el termino “tutor”, que viene a ser la “Persona encargada de orientar a los alumnos de un curso o asignatura.” [1], la Universidad Nacional Autónoma de México indica a sus tutores que este tiene que favorecer el desarrollo de habilidades y actitudes para el estudio y no solamente la adquisición de conocimientos [2]. El termino tutor tiene un enfoque eminentemente académico.

En contraste, el término “mentor” que viene a ser, “consejero o guía” [3], refleja un aprendizaje más práctico dentro de una relación formal. Un caso clásico de mentoría es la relación maestro aprendiz en los gremios medievales por la que el neófito aprendía los entresijos del oficio.

Se puede objetar que esta idea diera a entender que la enfermería es más un oficio que una profesión. Y esa réplica miope tendría su parte de razón puesto que parte de oficio tiene la disciplina. Pero, tal como un matemático no se avergonzará de reconocer que ha tenido que aprender la parte de oficio que tiene su profesión, la enfermera no ha de despreciar la parte de saber hacer por el mismo hacer de su profesión. Más mecánica e irreflexiva, sí, pero también más pulida por la propia ecología de las conductas (las conductas también están sujetas, por así decirlo a una especie de “selección natural”).

Así, la persona que recibe la mentoría [3], entendida como una relación de desarrollo personal en que una persona más experimentada o con mayor conocimiento ayuda a otra menos experimentada o con menor conocimiento a través de consejos prácticos o por modelado, viene a ser el aprendiz o discípulo. 

Para concluir, se puede decir que el tutor, instruye al alumno en su estudio de las bases de la disciplina mientras que el mentor guía al aprendiz para que sus primeros trabajos lleguen a buen puerto. Visto lo visto, entonces, ¿no sería más apropiado mentor de prácticas que tutor de practicas?


[1] Diccionario de la RAE
[3] http://es.wikipedia.org/wiki/Mentor%C3%ADa

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